lunes, 16 de septiembre de 2013

The (Virginia Woolf) Experience

The (Classic) Experience es una sección de Lector Empedernido -como si yo fuera el único intelectual que reseña clásicos- en la cual haré pequeñas reseñas de las novelas clásicas que vaya leyendo (desgraciadamente, son pocas). Esta sección es aperiódica, es decir, tendréis una entrega siempre que a mi me salga del monóculo.


La señora Dalloway, de Virginia Woolf

la-senora-dalloway-9788420671710En una calurosa y brillante mañana de junio, la señora Dalloway dijo que las flores las compraría ella. Lucy ya tenía suficiente trabajo y, como hacía un día tan espléndido, Clarissa pensó que sería buena idea dar un paseo e ir a por las flores. Y es que aquella noche organizaba una fiesta, una fiesta elegante, digna de la clase media alta, que debía estar llena de gente elegante, rica y poderosa, y para nada debía estar alguien tan pobre e insoportable como Ellie Henderson.
Mientras tanto, Septimus Warren Smith pasea del brazo de su esposa Lucrezia mientras habla con Evans, su amigo muerto. Está harto de que nadie le entienda, de ser el poseedor de la verdad universal y que nadie le haga caso. Y se lo dice a su mujer, quien solo puede pensar en lo desgraciada que es, porque Septimus antes no era así, no era así.
Peter Walsh, por su parte, piensa en lo mucho que ha cambiado Londres desde que se fue a la India. La civilización, eso es la civilización. ¡Pero qué importa! Él tan solo ha venido a consultar a los abogados un caso de divorcio. Porque sí, está enamorado, de verdad que está enamorado. Y no de Clarissa, no, aquello ya pasó, aquello pertenece a Bourton. No, aunque hoy no deje de pensar en ella, no está enamorado de Clarissa Dalloway.
Es una calurosa y brillante mañana de junio, pero el sol se va alzando y se va volviendo a poner, los relojes tañen las horas, el tiempo pasa, la noche florece y la hora de la fiesta por fin llega. Y la muerte acecha, aunque no se piense en ella, la muerte acecha.

Ya no diría de nadie, absolutamente de nadie, que era esto o lo de más allá. Se sentía muy joven y, al mismo tiempo, increíblemente vieja. Lo atravesaba todo como un cuchillo y, al mismo tiempo, permanecía fuera, mirando. Tenía continuamente la impresión, mientras contemplaba los taxis, de estar fuera, lejos, muy lejos en el mar, y sola; siempre le había parecido muy peligroso, terriblemente peligroso, vivir, aunque fuera sólo un día. Y no es que se creyera inteligente ni nada fuera de lo común. Nunca lograría explicarse cómo había logrado navegar por la vida con las briznas de conocimiento impartidas por Fräulein Daniels. No sabía nada; ni idiomas ni historia; ya casi nunca leía libros, excepto memorias en la cama, antes de dormirse; y sin embargo le resultaba absolutamente fascinante; todo aquello; los taxis que pasaban; y no diría de Peter, ni tampoco de sí misma, soy esto, soy aquello.

FlowersVase_BellLa señora Dalloway no es mi primer contacto con Virginia Woolf, pero tal vez sí hubiera sido una mejor introducción a su obra. Lo primero que leí de ella fue Las olas, allá por el verano del pasado año, un poco a ciegas, sin saber muy bien en qué me metía; y a pesar de que, sinceramente, me produjo dolor de cabeza, acabé maravillado tanto por las partes que logré entender como por las que no. Y es que creo que leer a Woolf produce siempre el mismo efecto: no tienes ni idea de qué está pasando, pero todo es tan hermoso, tan perfecto, que no importa. Solo quieres leer, solo quieres sentir. Porque la prosa de Virginia no trata tanto de una narración de hechos como de una plasmación de sentimientos, emociones, colores, olores, sensaciones, pensamientos, fantasías. Ahora, al echar la vista atrás, no recuerdo si Clarissa bajaba por Westminster hasta Piccadilly o por otra calle, no recuerdo si Septimus y Rezia paseaban por Regent's Park o bien por Hyde Park, no recuerdo el nombre de la mujer de la que Peter se había enamorado, solo recuerdo los colores y los sentimientos, las vivencias en Bourton y las flores, el sufrimiento (o no-sentir) de Septimus en la guerra y lo feliz que era Lucrezia en Milán, así como recuerdo el rencor de Rhoda, el fuego de Jinny y el ansia de amor de Neville en Las olas.

De este modo, ¿cómo podría definir la narración de Woolf? Es poética, mágica, volátil, si bien puede parecer vaga por sus muchas digresiones, en realidad es precisa y exacta por ello. La señora Dalloway se caracteriza por un estilo cercano al stream of Mrs._Dalloway_coverconsciousness, es decir, por el reflejo del discurrir del pensamiento. En esta novela, Woolf mezcla tanto el punto de vista interno de los diversos personajes como el externo, así como el pasado y el presente, hasta tal punto que resulta sencillo confundirnos y no saber si aquello que nos explican está ocurriendo en el presente o bien es un recuerdo o una mezcla de ambos. Las descripciones, por su parte, cuentan también con un elemento lírico que estará siempre presente, ya que Woolf consigue comparaciones, metáforas y analogías imprevistas, nuevas, que nos sorprenderán en todo momento. Por otro lado, el ritmo es, durante todo el libro, pausado, ya que los acontecimientos se concentran en un único día en el que los personajes no dejarán de recordar.

Los personajes de La señora Dalloway también son dignos de admiración como el resto de puntos de toda la novela. Cada uno de ellos cuenta con una personalidad profunda y definida que se nos irá revelando página a página, recuerdo a recuerdo, resultando ser cada personaje algo más, mucho más, de lo que aparentaba en un inicio, empezando por la mismísima Clarissa. Es interesante ver, además, cómo gracias a los cambios de perspectiva que realiza Woolf podemos apreciar lo que piensan los unos de los otros y las motivaciones que les llevan a realizar ciertas acciones que el otro personaje no acaba de entender o bien malinterpreta, sirviendo esto, además, como técnica para saltar de la perspectiva de un personaje a otro sin que resulte forzado ni inadecuado.

VirginiaWoolfLa señora Dalloway se trata de una lectura difícil, a la que hay que estar atentos en todo momento, en la que no podemos dejar escapar ningún detalle, pero que se encuentra llena de sensaciones y de personajes tan auténticos como la vida misma. El paso del tiempo, la locura y el amor son tan solo una pequeña muestra de los temas que aborda Woolf en esta novela. ¿La recomiendo? Por supuesto, en especial si queréis tastar algo de Virginia Woolf y no sabéis por dónde empezar o bien probar la temperatura del agua de la literatura experimental principios del siglo XX.

259 págs.  *  9,50€  *  Alianza Editorial

3 comentarios:

Nina 16 de septiembre de 2013, 15:33  

Yo me inicie con un libro de ella llamado Flush. Va sobre una poetisa y un perro. Es de las cosas MAS bonitas que he podido leer.

Lea 16 de septiembre de 2013, 23:45  

Eres un embaucador. Estoy completamente segura de que has hecho un pacto con el diablo en el que tú haces publicidad de libros clásicos a cambio de pasar una noche con Jane Austen.
Lo que más me gusta de ti es tu capacidad para ponerte así profundo, pero luego ser un lelo cuando te da la gana xDDD
"Culto en blogger, alelado cuando twitteo. Cómo me gusta la literatura rusa. Me voy que están echando algo en Disney Channel."-Matt.

Deigar 20 de septiembre de 2013, 23:49  

Con Woolf me pasa algo muy particular, pues es de esos pocos autores que intento leer en un futuro próximo pero nunca termino de sentirme seguro de hacerlo. Creo que temo fallar o algo así.

Sin embargo, creo que para fallar ya hay muchísimas novelas en este mundo. Me lanzaré, no pierdo nada.

¡Buena reseña!

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